Dieta para hígado graso – Alimentos recomendados y tips

La dieta para el hígado graso es muy recomendable para personas que han sido diagnosticadas con esta dolencia, pues su puesta en marcha puede ayudar a reducir los síntomas y mejorar el problema. Las personas que sufren de hígado graso son propensas a tener dificultades para digerir aquellos alimentos altos en grasas, de modo que deberán optar por una alimentación que reduzca los lípidos y cambio ciertos aspectos de su vida rutinaria, introduciendo la práctica de ejercicio.

¿Qué es el hígado graso?

El hígado graso o esteatosis hepática, es una dolencia, benigna generalmente, que se caracteriza por la acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas. El hígado presenta problemas para metabolizar el exceso de grasa y como consecuencia se produce un agrandamiento e inflamación de este órgano. 

El consumo habitual de alcohol, una mala alimentación en la que abunden alimentos altos en grasas y triglicéridos, el sobrepeso, los altos índices de colesterol y una vida especialmente sedentaria, son causas que provocan la dolencia del hígado graso. 

Los síntomas más frecuentes incluyen: malestar, cansancio, sensación de pesadez, dolor en la parte superior derecha del abdomen, y en casos graves, insuficiencia hepática aguda.

¿En qué consiste la dieta para el hígado graso?

Cuando una persona es diagnosticada con hígado graso, deberá llevar a cabo ciertos cambios en sus hábitos alimenticios, como una de las primeras medidas para tratar esta dolencia. Así, el reparto de nutrientes de forma generalizada será el siguiente:

  • Hidratos de carbono 50% / 55%
  • Proteínas 15%
  • Grasas 25%  (siempre ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados)

Alimentos permitidos

  • Lácteos siempre y cuando sea descremados y bajos en grasa
  • Carne sin grasa
  • Pescado de mar
  • Huevos, sin superar los tres diarios
  • Verduras cocidas, excepto el repollo, la coliflor, la cebolla y el ajo
  • Fruta
  • Grasas saludables, como por ejemplo el aceite de oliva, pero con moderación
  • Infusiones (manzanilla, cola de caballo...)
  • Avena
  • Arroz integral
  • Espárragos
  • Lentejas
  • Pan integral

Alimentos no permitidos

  • Embutidos
  • Pescados grasos
  • Carne roja
  • Condimentos picantes 
  • Salsas
  • Pastelería y dulces en general
  • Alcohol
  • Alimentos fritos
  • Snacks
  • Comida rápida y precocinada
  • Mariscos
  • Chocolate
  • Refrescos y bebidas azucaradas

Ejemplo de dieta para el hígado graso

Desayuno

  • Cereales bajos en azúcar y ricos en fibra con zumo de naranja
  • Avena con manzana y un zumo de uva
  • Tostadas de pan integral con queso fresco y una manzanilla

Almuerzo

  • 2 tostadas integrales con pavo
  • Una pieza de fruta
  • Un puñado pequeño de nueces

Comida

  • Caldo de verduras casero, cous cous con pollo y dos rodajas de piña
  • Arroz integral salteado con verduras y yogur desnatado
  • Filete de pollo a la plancha con espárragos a la plancha y una pera

Merienda

  • Macedonia de frutas
  • Yogur descremados con cereales sin azúcar
  • Dos rodajas de piña y un té verde

Cena

  • Verduras al vapor con tortilla francesa y una manzana
  • Ensalada de tomate, filete de merluza a la plancha y una pera
  • Filete de pavo al horno con verduras y una rodaja de melón

Consejos para hacer la dieta contra el hígado graso

  • La hidratación es fundamental para eliminar toxinas y favorecer la pérdida de grasa, por lo que resulta recomendable beber alrededor de 2 litros de agua diarios
  • Evita los picoteos entre horas, y asegúrate de seguir una dieta sana que incluya alimentos saludables repartidos en cinco comidas al día
  • El ejercicio es muy importante para mantenerse en forma y mejorar la función del hígado. Con 30 minutos al día de ejercicio aeróbico, será suficiente
  • No olvides aumentar el consumo de fibra para facilitar la eliminación de grasa
  • Siempre que cocines opta por métodos de cocción sanos y libres de grasas como los platos horneados, a la plancha o al vapor

La dieta contra el hígado graso, conviene que esté supervisada siempre por un profesional médico que, en función del grado de la dolencia y del estado del paciente, tendrá que determinar la personalización de esta dieta para cada persona.



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